Cristianos sufren represión dentro y fuera de la cárcel
Publicado el 12 Abr 2024

Algunas mujeres cristianas recluidas en la superpoblada cárcel La Esperanza de Tipitapa, en el departamento de Managua (Nicaragua), han recibido un trato inhumano tras orar en voz alta. Entre los castigos se encuentran no tener derecho a respirar aire fresco en el patio y recibir golpizas durante los interrogatorios. También está prohibido tener una Biblia o cualquier material impreso.
Este incidente dirigido por el gobierno en Nicaragua es sólo uno de una serie. Expertos de la ONU lo calificaron recientemente de «grave violación sistemática de los derechos humanos equivalente a crímenes contra la humanidad». Desde que las protestas por la reforma de las pensiones se tornaron violentas en 2018, Nicaragua avanza hacia un Estado totalitario dirigido por el presidente Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo. Cualquier forma de oposición está prohibida por el gobierno.
Como parte de la represión, el régimen detiene y procesa a líderes de iglesias, así como a iglesias y organizaciones de la sociedad civil. En enero, detuvieron a nueve pastores acusados de lavado de dinero y a 16 organizaciones no gubernamentales, entre ellas católicas y protestantes, les cancelaron su personalidad jurídica. En 2023, «al menos 342 organizaciones vinculadas a iglesias cristianas vieron prohibida sus actividades y confiscados sus bienes e instalaciones», según un informe de expertos de la ONU.
Pastores responden de forma diferente a la persecución, según un colaborador de Puertas Abiertas en el país. Mientras el miedo lleva a algunos a mantenerse cautos, otros no ceden a la presión. «Las estrategias del gobierno para manipular a las organizaciones, como exigir actualizaciones mensuales de la documentación o exigir nuevos documentos, limitan el funcionamiento de la iglesia. Así que algunos pastores renuncian a trabajar de forma legal», afirma el colaborador, cuyo nombre no puede mencionarse por motivos de seguridad. Como consecuencia, varias iglesias han empezado a reunirse en sus casas.
Preocupación por el futuro
Entre el inicio de las duras medidas en 2018 y junio de 2023, alrededor de un millón de personas huyeron del país en busca de refugio en el extranjero. Esto equivale a casi uno de cada ocho nicaragüenses, según el informe de la ONU. Otros, incluidos líderes de iglesias, han sido exiliados por el régimen de Ortega. Un ejemplo es el líder cristiano Rolando José Álvarez Lagos que, junto con otros 19 clérigos, fue expulsado de Nicaragua el 14 de enero.
En febrero de 2023, Nicaragua liberó a 22 presos políticos y les obligó a abandonar el país inmediatamente, despojándoles de su ciudadanía. La iglesia siente la pérdida de sus miembros y se preocupa por el futuro. «A largo plazo, la iglesia se ve afectada por esto. Las familias se están desintegrando y hay un creciente abandono de niños y adolescentes que terminan siendo criados por abuelos u otros parientes», dice el colaborador de Puertas Abiertas.
En 2023, Nicaragua ocupó el último puesto en la Lista Mundial de la Persecución, un ranking de los 50 países donde es más difícil vivir como cristiano. Desde entonces, el país ha subido espectacularmente y ahora ocupa el puesto 30. En noviembre y diciembre del año pasado, Puertas Abiertas ayudó a unos 300 líderes de iglesias con ayuda que incluía distribución de alimentos, asesoría legal, así como apoyo espiritual y psicosocial.
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