«Me pusieron bajo arresto domiciliario»
Publicado el 09 Mar 2024

Puertas Abiertas contó cómo se celebra el Día Internacional de la Mujer en Asia Central y lo importantes que son las mujeres cristianas para las iglesias de la región. Por ello, la capacitación post-trauma es esencial para que las líderes de las iglesias sean sanadas, fortalecidas y preparadas para apoyar a otras mujeres cristianas perseguidas.
Zaida* creció en una familia musulmana y, aun rodeada de su esposo y sus hijos, se sentía sola. Esto fue así hasta que asistió a una reunión dirigida por misioneros y descubrió a un Dios amoroso. «Descubrí que Dios perdonó todos mis pecados y me dio la salvación porque me ama. Ahora soy una persona feliz, pase lo que pase. Realmente amo la palabra de Dios«, dice.
Persecución dentro y fuera de casa
Sin embargo, Zaida comenzó a sufrir persecución tanto dentro como fuera de casa, y todo empeoró cuando murió su esposo y sus hijos fueron maltratados a causa de ella. «Él [su hijo] me amenaza diciendo que cuando yo muera no me enterrará, sino que abandonará mi cuerpo. Y ningún pariente o vecino lo juzgará porque soy una traidora a mi fe«, revela Zaida.
Pero cuando el hijo de Zaida descubrió que ella asistía a un seminario cristiano, la agresión verbal se tornó física. «Me dolieron los golpes, pero aún más el hecho de que mi propio hijo, al que di a luz y crié, me estuviera atacando por mi fe sincera«, se lamenta.
A pesar de la decepción con sus hijos, la cristiana no renuncia a su relación con Cristo. «No puedo vivir sin Jesús. No puedo negarlo, aunque eso signifique ser perseguida. Dios me da el consuelo y el deseo de orar aún más por mi familia y mi comunidad, que aún no conocen a Jesús. Creo firmemente que el Señor dará la salvación a mis hijos y nietos«, concluye Zaida.
Amor y respeto entre hermanos en la fe
A los 16 años, Guliya* también fue impactada por el amor de Dios a través del respeto y el cuidado que existía entre cristianos, aunque no fueran miembros de la misma familia. Cuando ella les habló de su nueva fe, su padre lo desaprobó y la golpeó. También le prohibieron tener contacto con otros cristianos.
«Me pusieron bajo arresto domiciliario y ni siquiera me dejaron ir a la escuela. Papá se llevó mi Biblia y mi teléfono y no podía hablar con nadie«, declara. Guliya volvió a la escuela, pero sus padres y su hermano la llevaban para que no tuviera la oportunidad de conocer a otro cristiano.
Un año después, la obligaron a casarse con un musulmán con la esperanza de que volviera al Islam. Pero Guliya se mantuvo firme, a pesar de que su esposo le prohibió tener contacto con otros cristianos. «Me molesta, pero creo que mi esposo y nuestros padres llegarán a conocer a Jesús y se salvarán. Oro por ellos«, concluye.
*Nombres cambiados por razones de seguridad.
Ayuda para preparar a las mujeres cristianas
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