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¿Una amenaza contra la lengua de Jesús?

El avance del grupo radical islámico en Irak representa un riesgo a los que aún hablan arameo. El arameo cubre un amplio abanico de lenguas y dialectos semitas, todos relacionados, pero en general mutuamente incomprensibles, ahora en su gran mayoría extintos o amenazados



Qaraqosh, Tel Kepe y Karamlesh son apenas tres ciudades iraquís en las planicies de Nínive capturadas en el inicio de agosto por el Estado islámico, pero ellas representan la última grande concentración de hablantes de arameo del mundo. Prosiguiendo para el noreste de Mosul en la dirección de Curdistán, el grupo yihadista ahora se encuentra y domina el antiguo corazón de Irak cristiano.



Según funcionarios de la ONU, aproximadamente 200 mil cristianos huyeron de sus casas en las planicies de Nínive una noche del 6 de agosto, temiendo que los combatientes del Estado Islámico los expulsen, maten u obliguen a convertirse.



La extinción de una lengua en su tierra natal raramente es un proceso natural y casi siempre se refleja en las presiones, persecuciones y discriminaciones sufridas por sus hablantes. El lingüista Ken Hale famosamente comparó la destrucción de una lengua al «»soltar una bomba sobre el Louvre»» – padrones de pensamiento enteros, maneras de ser y sistemas completos de conocimiento están consideradas para de las pérdidas. Si el último hablante de arameo muere de aquí a dos generaciones, la lengua no habrá desaparecido por causas naturales.

El arameo cubre un amplio abanico de lenguas y dialectos semitas, todos parecidos, pero en general mutualmente incomprensibles, ahora en su gran mayoría extintos o amenazados. Las últimas estadísticas disponibles del numero hablante de arameo, de los años 90, coloca a la población en hasta 500 mil, mitad de los cuales estarían en Irak.

La Redacción Puertas Abiertas América Latina es el equipo editorial con más de 7 años de trayectoria en la cobertura de la persecución a los cristianos en el mundo. Publica noticias basadas en relatos directos de corresponsales y cristianos locales en más de 70 países. Nuestro proceso editorial se basa en la verificación, contextualización y evaluación de riesgos. La identidad de las fuentes se preserva cuando existe riesgo para su seguridad, sin comprometer la veracidade de los hechos.