#MujeresdeValor 2: México
Publicado el 23 Mar 2015
Pascuala era joven y soltera cuando, en una noche cualquiera, se quedó cuidando a sus cuatro sobrinos: un niño y tres niñas. Pascuala estaba durmiendo cuando los caciques fueron a quemar su casa, porque su familia era cristiana. Ella se levantó a tiempo para avisar para algunos de los familiares, pero los cuatro niños fueron asesinados, golpeados o quemados mientras intentaban huir. Pascuala fue baleada y agredida físicamente. Ella sobrevivió porque ella fingió estar muerta. Debilitada y sangrando, ella caminó por muchas horas hasta llegar a un hospital. Ella se quedó con 21 balas en su cuerpo y cuello en la época, todo porque no negó su fe en Jesús. A pesar de haber sido baleada, abusada y casi asesinada, ella no se lamentó ni tuvo pena de sí misma. Al contrario, hasta hoy pasa sus días consolando a otros, visitando mujeres que se quedan viudas o desabrigadas. Uno de sus ministerios es enseñar trabajos manuales para esas mujeres, para que puedan sustentar y tener una renta. Ya hace 30 años que el ataque ocurrió pero Pascuala siguió firme en su ministerio y ahora centenas de mujeres van hasta ella para buscar consuelo, consejo y ayuda. Pascuala relata: «»Durante aquella época, yo pensé que Dios no iba a ayudarme. En mi soledad, no pensé que tendría un futuro. Yo no sabía qué hacer. Fue así durante cinco años. Hasta que algunas iglesias en Estados Unidos me invitaron para contar mi testimonio. Cuando fui, dejé que las personas tocasen las heridas de bala en mi cuerpo. Algunos hermanos comenzaron a llorar. Aquello tocó mi corazón. Yo percibí que ellos realmente sentían mi dolor. Algo nuevo comenzó a suceder. La alegría y la paz del Señor fueron derramadas sobre mí. Hacía tanto tiempo que no sonreía. ¡Mi Dios está conmigo! ¡Yo no estaba sola! Mi fe comenzó a crecer. Yo regresé a México con una nueva esperanza y nuevas expectativas. Desde entonces, mi deseo es ayudar a las personas que son perseguidas por causa de Jesús. Yo comencé a compartir con otros que hay esperanza en Jesús, porque yo misma entendí eso cuando estaba sola. Es deseo de mi corazón es dedicar mi tiempo a Dios. Mi convicción es ayudar y amar a la Iglesia Perseguida, porque yo siento el dolor de ellos. Yo voy para lugares donde nadie más va, porque ellos precisan de Jesús. Si Dios me permitió pasar por la persecución, fue por una razón: para proclamar Su nombre.»» Aun así, las mujeres de la Iglesia Perseguida necesitan de nuestra oración y de nuestro apoyo. En Brasil, el ministerio de Mujeres del Camino surgió hace tres años para crear una ligación más profunda entre las cristianas brasileras y las cristianas perseguidas dispersas por más de 50 países. Es nuestro deber socorrer estas hermanas que han dado sus vidas para el avance del evangelio y ayudarlas a permanecer firmes mientras sirven al Señor.
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