Hace 12 años, Ruth espera a sus hijas secuestradas en Chibok
Publicado el 14 Abr 2026 • Actualizado el 23 Abr 2026

Hace 12 años, Ruth vive entre la esperanza y la angustia. Madre de dos de las niñas secuestradas en Chibok, en Nigeria, cuenta que el mayor dolor no es solo la ausencia, sino la incertidumbre constante.
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Ruth es madre de Godiya Bitrus y madrastra de Hauwa Bitrus, ambas secuestradas en 2014. Este mes de abril se cumplen 12 años del ataque del grupo terrorista Boko Haram contra la Escuela Secundaria Femenina del Gobierno (Government Girls Secondary School – GGCSS), en Chibok, en el noreste de Nigeria.
Extremistas fingiendo ser soldados
La noche del 14 de abril de 2014, miembros de Boko Haram llegaron a la escuela fingiendo ser soldados del gobierno enviados para proteger a las estudiantes. En lugar de eso, secuestraron a cerca de 275 niñas. Desde entonces, decenas han sido liberadas, pero muchas siguen desaparecidas, sin que sus familias sepan exactamente qué ocurrió con ellas. Ruth recuerda aquel día como si fuera ayer.
“Vivíamos en paz. Ellos atacaron justo después de la boda de mi hijo. Empezamos a escuchar disparos antes de las 23 h. Yo vivo en otra aldea, cerca de Chibok. Los disparos continuaban y no sabíamos de dónde venían. Si eran de Chibok, del mercado o de la escuela, no se podía saber”, cuenta.
12 años de esperanza y frustración
Estos detalles, que pueden parecer pequeños para otras personas, son las pistas a las que Ruth se aferra para mantener vivos los recuerdos de aquel día y sobrellevar el dolor, mientras ella y su familia permanecen en una especie de limbo: llenos de esperanza, pero también de frustración, mes tras mes, año tras año, sin noticias de las niñas.
Al amanecer, Ruth caminó hacia Chibok.
“Cuando llegué, vi que todo el edificio había sido quemado. Quemaron toda la escuela. Ni siquiera pude encontrar los uniformes de las niñas para llevarlos conmigo.”
La cristiana pasó semanas sin poder dormir ni descansar.
“Durante toda una semana, solo lloraba. Mi boca se cansó de tanto llorar y las lágrimas se secaron. Luchamos, pero no logramos traerlas de vuelta.”
“¿Volveré a verlas?”
A lo largo de los años, Boko Haram ha exigido rescates al gobierno federal de Nigeria. Algunas niñas han sido liberadas, aunque los detalles de estas negociaciones siguen siendo poco claros. Para madres como Ruth, que aún esperan noticias, el dolor permanece envuelto en silencio e incertidumbre.
“Después de algunos meses, nos dijeron que fuéramos a Lagos. Nos quedamos allí diez días. Luego dijeron que las niñas estaban allí y que iban a aparecer. Hasta hoy, no las hemos visto”, lamenta.
Hoy, Ruth cuenta que casi todos sus pensamientos giran en torno a una sola pregunta: “¿Volveré a verlas nuevamente?”.
La constante angustia ha pasado una factura muy alta a toda la familia. El padre de las jóvenes está muy enfermo —“ni siquiera puede estirar el cuerpo”, según Ruth—, y la propia cristiana también vive con una gran ansiedad.
El pedido de Ruth por las niñas de Chibok
El pedido de Ruth es simple, pero profundo: oración.
“Mis hermanos y hermanas en Cristo, ayúdenme en oración para que pueda volver a ver a mis hijas, así como otras madres ya han visto a las suyas. Queremos escuchar sus voces y saber que aún están vivas. Si no lo están, que nos lo digan, para que podamos saberlo y orar a Dios por ayuda en esta situación. Ese es mi pedido.”
Puertas Abiertas continúa alzando su voz en favor de las niñas de Chibok y de Leah Sharibu, pidiendo a la comunidad internacional que presione al gobierno nigeriano para que continúe los esfuerzos por liberar a todas las personas que permanecen en cautiverio a manos de Boko Haram, incluidas jóvenes cristianas que aún siguen secuestradas.
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