Esperanza y sanidad para una viuda de Nigeria
Publicado el 10 Mar 2020

En Nigeria, el nombre de Rikiya proviene del profeta bíblico Jeremías y significa «exaltada por el Señor». Sin embargo, a veces, esta bendición ha sido difícil de reconocer. Cuando Rikiya tenía solo dos años, su madre murió, dejándola huérfana y ella nunca conoció a su padre. La abuela hizo todo lo posible para criar a Rikiya, y cuando llegó a cierta edad, se casó. Durante los primeros nueve años de matrimonio, Rikiya y su esposo tuvieron tres hijos: Jennifer, Peace y Joshua. Pero en el noveno año de matrimonio, su esposo enfermo y, en poco tiempo, murió.
Un mes después de la muerte de su esposo, mientras Rikiya todavía estaba de luto, un vecino entró a su casa gritando «Se están quemando casas en el pueblo vecino». Aunque ya estaba acostada con sus hijos, cuando escuchó la noticia, saltó y salió corriendo y vio el incendio de la aldea vecina. Ella sabía que no tenía mucho tiempo. Los extremistas llegarían rápidamente. Volvió corriendo adentro, reunió a los niños y comenzó a correr. Cruzaron el terreno rocoso cerca de la casa, pasando los árboles, las plantas y el bosque.
“El incendio quemó Guyaku y la estación de policía de Tela Bala. Entonces corrimos a la escuela primaria, entramos y nos escondimos. Los disparos seguían sobre nuestras cabezas”, dijo Rikiya a altas horas de la noche, ella y sus hijos fueron a otra ciudad y encontraron refugio. «Desde allí, fuimos a Gombi y continuamos a Yola», dijo. La familia permaneció allí durante dos meses antes de que fuera seguro regresar. Ella perdió todo. “Cuando regresé, no fue fácil. Yo era una viuda con tres hijos”, dijo, entrecerrando los ojos para contener las lágrimas.
“Estaba muy traumatizada. Mi esposo se fue y Boko Haram destruyó nuestra aldea. No teníamos más que la ropa que llevábamos puesta”. Ella hizo pequeño refugio con algunas piezas de metal corrugado quemadas en los escombros. “Pero ustedes vinieron a rescatarme, en el asesoramiento post trauma, descubrí que mi trauma era como una herida que necesitaba ser sanada. La cicatriz siempre estaría, pero la herida se podía sanar”, dijo.
Puertas Abiertas también ofreció apoyo económico para ayudar a Rikiya a comprar dos cabras. Cada cabra produce dos crías por temporada. Cada vez que necesita ayuda, vende una de las cabras. Algunas veces es para la matrícula escolar de los niños, otras veces es para alimentos, cultivos o ropa. “Ustedes son los que me trajeron esperanza y sanacion. Desde entonces, Dios ha sido mi padre, mi esposo, mi todo. Todo esto me ha tenido tan cerca de Dios. Hoy sé que él siempre está conmigo”, dijo la cristiana.
“Honestamente, si no fuera por el préstamo que recibí para criar estas cabras, no hubiera sabido qué hacer. Estoy sana de mi trauma y siempre le diré a la gente que ustedes fueron parte de esto. Muchas gracias”, dijo Rikiya.
Puedes bendecir a Rikiya de otra manera. Muestra que ella no está sola escribiendo un mensaje de aliento para esta querida hermana. Enviar cartas de aliento es una forma de servir a los cristianos perseguidos. Sé un instrumento de Dios al escribirle.
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