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Cristiana es excluida tras abuso sexual en Nigeria

Rifkatu enfrentaba los traumas de la violencia sexual y el rechazo de hermanos en la fe
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También tuvo que soportar el prejuicio de la comunidad debido a los problemas de desarrollo de su hija

Puertas Abiertas compartió parte del testimonio de Rifkatu*, de Nigeria. Con pocas semanas de casada, fue secuestrada por extremistas islámicos y abusada física y sexualmente. Por la gracia de Dios, la cristiana fue liberada y regresó con su familia, pero quedó herida por los recuerdos traumáticos.

Cuando nació su hija, ella y su esposo, el pastor Zamai*, enfrentaron el rechazo incluso dentro de la iglesia. “Dijeron que el retraso en el desarrollo [de mi hija] se debe a los militantes fulani que me secuestraron y a los espíritus malignos que encontré allí”, relata.

El estigma de su trauma afectó a todos a su alrededor. Rifkatu describe el doloroso trato que ella y su hija recibieron: “Las mujeres no entran en mi casa porque piensan que, si mi hija las ve, ellas darán a luz a un bebé con la misma condición. Nadie quiere acercarse a mí, ni siquiera mi familia y amigos. Si mi hija se enferma, nadie viene a visitarnos”. El aislamiento fue tan profundo que comenzó a afectar su relación con la niña, y Rifkatu sabía que necesitaba ayuda.

El proceso de cura en el Centro Shalom

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Rifkatu y otras cristianas sobrevivientes de ataques extremistas encontraron acogida y cuidados en el Centro de Cuidados Postraumáticos Shalom en Nigeria

Afortunadamente, socios locales de Puertas Abiertas la conectaron con Asebe*, una voluntaria del Centro Shalom. Asebe explica: “La mayoría de las mujeres aquí enfrenta desafíos como falta de sueño, miedo, preocupación por qué comer y dónde quedarse… Y las víctimas de abuso sexual son estigmatizadas por las personas – incluso por quienes las aman – y por la comunidad donde viven”.

El trauma de Rifkatu era evidente en su comportamiento. Asebe recuerda: “Cuando Rifkatu llegó al Centro, era una persona irritada. Llegó muy triste; no sonreía a nadie. Incluso dudaba de la existencia de Dios. Había perdido la esperanza en la vida”. El dolor era tan grande que, en un momento, ni siquiera quería mirar a su propia hija.

Asebe la acogió y la ayudó a expresar su dolor a través de actividades como dibujar y escribir lamentos a Dios. Uno de los pasos más difíciles, pero también más poderosos, fue el perdón. “Cuando Rifkatu llegó, me dijo que jamás perdonaría a sus secuestradores”, cuenta Asebe. “Pero después de la sesión sobre el perdón, decidió perdonarlos, con la ayuda de Dios”. Rifkatu aceptó orar con Asebe para pedir que Dios quitara su dolor y para poder entregar nuevamente su vida a Cristo.

El perdón y la transformación

Rifkatu describe un momento inolvidable en el que sintió que finalmente podía entregar su dolor a Jesús: “Algo que nunca olvidaré fue el momento de llevar nuestras heridas a la cruz. Todos escribimos nuestros dolores en un pedazo de papel. Cantamos y luego quemamos los papeles en la cruz”.

Al ver subir las cenizas, sintió que su esperanza era restaurada y finalmente perdonó a los hombres que la habían herido. “Yo solía decir: ‘Nunca perdonaré a esos militantes fulani por toda la eternidad’. Pero, desde que vine al Centro Shalom y recibí esas enseñanzas, los perdoné en mi corazón. Que el Dios todopoderoso los ayude a arrepentirse”.

La transformación de Rifkatu inspiró también a su esposo Zamai a buscar ayuda. Él confiesa que, al principio, sintió una herida tan profunda que deseaba venganza contra los agresores. “Decidí que, si Dios me permitía encontrar a esas personas, o ellos me dominarían y me matarían, o yo los mataría”, admite. Sin embargo, la enseñanza sobre el perdón cambió su actitud. “Sinceramente, si no hubiéramos tenido la oportunidad de venir al Centro, quizá nuestra relación no se habría restaurado hasta hoy”, reflexiona. “Participar en el entrenamiento me animó, me fortaleció y cambió mi manera de pensar. Por eso acepté la situación con fe, confiando en que el Dios todopoderoso sabe todo”.

Una nueva relación con su hija

El proceso de cura también transformó la relación de Rifkatu con su hija. Asebe cuenta que, antes de ir al Centro, la niña era un recordatorio doloroso del trauma y del rechazo que había vivido. “Ella me dijo que, antes de venir al Centro, podía pasar semanas sin siquiera cargar a la bebé. Solo verla la incomodaba”, explica la voluntaria.

Sin embargo, después de las sesiones, Rifkatu cambió. “Me dijo que ahora podía abrazar a la bebé, que disfruta estar con ella y que se siente feliz”, concluye Asebe. El dolor aún aparece en algunos momentos, pero Rifkatu continúa su camino de cura con la ayuda y las oraciones de la voluntaria.

*Nombres cambiados por seguridad.

Cura para cristianas en Nigeria

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La Redacción Puertas Abiertas América Latina es el equipo editorial con más de 7 años de trayectoria en la cobertura de la persecución a los cristianos en el mundo. Publica noticias basadas en relatos directos de corresponsales y cristianos locales en más de 70 países. Nuestro proceso editorial se basa en la verificación, contextualización y evaluación de riesgos. La identidad de las fuentes se preserva cuando existe riesgo para su seguridad, sin comprometer la veracidade de los hechos.