Conoce a Leopoldo, pastor perseguido en México

Leopoldo permaneció en prisión durante cuatro días, sin asistencia médica y sin poder recibir visitas

| 17/09/2021 - 07:00

El pastor Leopoldo, Silvia y su hijo abandonaron la ciudad en la clandestinidad, dejando atrás su casa, sus pertenencias y la ciudad donde siempre habían vivido.

El pastor Leopoldo, Silvia y su hijo abandonaron la ciudad en la clandestinidad, dejando atrás su casa, sus pertenencias y la ciudad donde siempre habían vivido.


El pastor Leopoldo está casado con la hermana Silvia, crecieron y criando a sus tres hijos en San Juan Ozolotepec, un pequeño pueblo del interior de México donde predomina la religión católica. A pesar de tener la misma fe, fueron perseguidos por ser cristianos evangélicos, algo que no es aceptado en esa comunidad.

Ambos eran católicos y llevaban una vida tranquila, pero todo cambió cuando, en 2002, una persona le dijo a Leopoldo que leyera la Biblia, donde encontraría lo que le hacía sentir mal. Esto despertó algo en él y, siguiendo este consejo, decidió cambiar su forma de vivir. Algunas personas de la comunidad comenzaron a ver el cambio en la vida de Leopoldo y se reunieron para fundar una congregación. En 5 años, Leopoldo se convirtió en el pastor de un pequeño grupo y fue entonces cuando comenzó la persecución.

A la comunidad no le gustó el crecimiento del grupo y, en un intento por detenerlos, comenzó a perseguirlos. Como líder del grupo, el pastor Leopoldo y su familia eran el objetivo principal. Desde entonces, la familia ha sufrido represalias: la comunidad ha cortado el agua y la electricidad de la casa de los cristianos, los hijos de la pareja han sido prohibidos de ir a la escuela, no pueden ser atendidos en el dispensario médico del pueblo e incluso han atacado su vivienda.

Sin embargo, en medio de esto, la familia se mantuvo firme en Dios. Fueron años difíciles y de mucha lucha. Fue entonces, en 2013, cuando ocurrió algo que lo cambió todo. Era una mañana normal para la familia. Leopoldo, Silvia y uno de los niños estaban tomando café cuando oyeron que se acercaba una multitud. Su objetivo: matar al pastor.

Cuando llegaron a la casa, cogieron al pastor por la fuerza y lo arrastraron al centro del pueblo. Silvia, sin saber qué hacer, siguió por un momento a la multitud, pero por miedo a ser atrapada también, regresó a su casa y no vio lo que le ocurrió a su marido.

En casa, podía ver a través de la ventana una multitud rodeandola. Pensó que iban tras ella y su hijo, así que se quedó dentro, vigilando y cuidando a su hijo. Sin embargo, después de unos minutos, descubrió que la multitud quería destruir la iglesia, que estaba frente a su casa. Silvia vio cómo destruyeron el templo y pudo oír a la gente decir que su casa sería la siguiente.

Orando y sin saber qué hacer, Silvia le pidió ayuda a sus familiares por teléfono antes de que se cortara la conexión a Internet. Mientras tanto, Leopoldo estaba en manos de la comunidad.

El cristiano fue llevado al centro de la ciudad, donde se reunió un grupo que gritaba: "Matenlo, quemenlo". En medio de todos estos gritos, uno en particular llamó la atención del pastor: "Queremos ver al Dios que predica, al Dios en el que cree, si puede salvarle de nuestras manos”. En ese momento, el pastor sintió paz en su corazón, y en su mente estaba la palabra de Dios y el sufrimiento de Jesús.

"Cuando escuché esas amenazas y todo lo que me gritaban, fue algo que no me dio miedo, porque sabía que la palabra del Señor se estaba cumpliendo. Nunca pensé que mi vida pudiera ser como un instrumento en las manos de Dios”.

En cuanto gritaban, los habitantes rasgaron sus ropas, lo patearon y le jalaron el pelo. Con las fuerzas que le quedaban el cristiano seguía clamando a Dios por socorro, pidiendo para ser llevado a la cárcel y no sufrir más en manos de hombres. En ese momento, una persona llegó desde lejos y le dio una patada en las costillas, provocando rupturas. Ya no podía moverse. Fue entonces cuando alguien lo arrastró a la prisión y así se liberó de la multitud, pero su cuerpo estaba magullado y roto. 

Leopoldo permaneció en prisión durante cuatro días, sin asistencia médica y sin poder recibir visitas. Al cabo de ese tiempo, la policía negoció la salida del pastor de la cárcel, pero tuvieron que sacarlo escondido en un coche para que la turba no lo volviera a atacar. Silvia y su hijo también abandonaron la ciudad en la clandestinidad, dejando atrás su casa, sus pertenencias y la ciudad donde siempre habían vivido.

Tratando las cicatrices que quedan en el corazón

Este episodio de persecución afectó mucho a la familia de Silvia y Leopoldo. Puertas Abiertas, a través de trabajadores de campo, ofreció ayuda a la familia. Ofreciéndoles un proyecto financiero: un mototaxi. Esto permitiría a la familia mantenerse. Además, la familia asistió a un seminario post-trauma con un experto en la materia. El seminario se centró en ayudar a los cristianos perseguidos en México a superar sus traumas y ayudó a varias familias.

A pesar de todo, Leopoldo está agradecido a Dios: "Estoy agradecido al Señor porque puede mostrarnos su voluntad a través de este testimonio. Hoy podemos decir que hay gratitud en nosotros porque Dios nos ha permitido vivir esta situación para que su nombre sea glorificado y proclamado en cada uno de los que experimentan la persecución”

Al igual que el pastor Leopoldo y su familia muchos cristianos en México que deciden abandonar las creencias religiosas o las prácticas sincréticas de una comunidad suele ser rechazada y castigada con multas, encarcelamiento o desplazamiento forzoso. Recuerda mantener un clamor por estos cristianos que sufren por amor a Cristo. 

Peticiones de oración

  • Intercede por el pastor Leopoldo y su familia, para que reciban sanidad física e interior después de los ataques y para que su fe sea fortalecida todos los días. 
  • Ora por los cristianso en México que enfrentan las consecuencias de ser un seguidor de Jesus. 
  • Ora para que el Señor toque los corazones de las personas que no lo conocen en México y para que sus vidas sean transformadas. 

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