Joven anuncia a Jesús al pueblo Hamar en Etiopía
Publicado el 12 Jun 2025 • Actualizado el 23 Jun 2026

*Los nombres han sido cambiados por motivos de seguridad.
En el sur de Etiopía, en una región de difícil acceso, el evangelio ha llegado a comunidades que, hasta hace poco, no tenían contacto con el cristianismo.
Sin carreteras pavimentadas, hoteles ni infraestructura, la zona donde vive el pueblo hamar está marcada por el aislamiento. Este grupo étnico vive con un constante temor a sus dioses y ancestros.
En un contexto donde las tradiciones ancestrales forman parte de la vida cotidiana, historias como la de Mama Alemu* muestran cómo la fe cristiana se ha dado a conocer entre los hamar, incluso en medio de desafíos culturales y oposición.
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El primer encuentro con el pueblo hamar
Socios locales de Puertas Abiertas visitaron por primera vez la región donde vive el pueblo hamar. La zona es remota, se encuentra a 700 kilómetros de Adís Abeba y, hasta ese momento, no existían registros significativos de la presencia de cristianos.
Por eso, no tenían grandes expectativas. Sin embargo, para sorpresa del equipo, ya existían pequeñas comunidades cristianas en el lugar.
“Encontramos una iglesia. De hecho, varias. ¡Había creyentes allí!”
— Ayana*, socio local de Puertas Abiertas
Otra sorpresa fue la madurez de la fe de cristianos entre el pueblo hamar. Preocupados, Ayana y su equipo reunieron a los creyentes locales para advertirles sobre la persecución que enfrentan los cristianos. Pero recibieron la siguiente respuesta de seguidores de Jesús que ya conocían muy bien esa realidad:
“Por supuesto que hay persecución aquí. Las personas son azotadas por creer en Jesús”.
¿Cuál es el contexto cultural del pueblo hamar?
La historia del evangelio entre el pueblo hamar está estrechamente relacionada con el testimonio de Mama Alemu. Él creció en este contexto y describe algunas de sus prácticas más comunes.

Por ejemplo, cuando jóvenes hamar alcanzan la edad para casarse, deben saltar sobre el lomo de varias vacas como parte de un ritual de iniciación. Para las mujeres, en cambio, la entrada a la adultez está marcada por la violencia.
“Las mujeres son golpeadas y azotadas con tanta severidad que algunas llegan a sufrir daños en los riñones”.
— Mama Alemu
Otra tradición es el mingi. Aunque esta práctica fue prohibida oficialmente en Etiopía hace décadas, todavía se lleva a cabo en algunas regiones remotas y entre ciertos grupos étnicos.
Consiste en matar a niños considerados “defectuosos”, incluidos gemelos, los bebés que nacen con labio leporino o aquellos cuyos dientes superiores aparecen antes que los inferiores.
“Cuando un niño nace ‘con defectos’ o desarrolla esas características, es asesinado. Aunque la madre o el padre lloren, toman al niño, lo arrojan a un hoyo y lo asfixian con arena”.
— Mama Alemu
Mama Alemu ve el poder de Jesús sanar a su madre
Cuando la madre de Mama Alemu enfermó gravemente, recurrieron a una hechicera, como es costumbre entre el pueblo hamar.
“Al examinar las entrañas de una cabra, la hechicera puede predecir acontecimientos futuros. A partir de ellas, también puede determinar cómo apaciguar a los dioses y a los ancestros para evitar la muerte de una persona, por ejemplo mediante sacrificios”.
— Mama Alemu
Pero no importaba cuántas veces visitaran a la hechicera: ningún ritual, ninguna invocación de espíritus ni ningún sacrificio de animales lograba sanar a su madre.
“Después de seis años, un cristiano visitó nuestra aldea. Miró a mi madre y dijo: ‘Si recibe a Jesús en su vida, será sanada’”.
— Mama Alemu
Al principio, su padre se opuso, pero Mama Alemu llevó a su madre en secreto para encontrarse con el cristiano y, por medio de la oración, ella fue completamente sanada.
El crecimiento de las semillas del evangelio
Al principio, nada cambió en la vida de Mama Alemu después de la conversión de su madre. Sin embargo, un año más tarde comenzó a escuchar una voz en su cabeza que le ordenaba matar a su hermano. Nada lograba silenciarla y cayó en una profunda desesperación.
“Entonces recordé la sanidad de mi madre y decidí entregar mi vida a Jesús también”.
— Mama Alemu
Sin embargo, era consciente de las consecuencias que eso tendría, por lo que habló seriamente con su padre:
“O me quito la vida, o mato a mi hermano, o me hago cristiano”.

Pero ni siquiera la posibilidad de perder a uno de sus hijos logró vencer el temor de su padre a enfurecer a los espíritus y ancestros.
Finalmente, lo obligó a abandonar la aldea. Entonces, Mama Alemu encontró refugio entre cristianos en la ciudad.
Liberado para anunciar el amor de Jesús al pueblo hamar
Durante sus primeros días en la iglesia, Mama Alemu no podía dormir.
“Escuchaba una voz que me susurraba y veía una serpiente acercándose a mí”.
— Mama Alemu
Cristianos locales oraron sin descanso por él hasta que, al cuarto día, fue liberado. Después comenzó a estudiar la Biblia, comprendió la misión de Jesús y, cuatro meses más tarde, decidió regresar a su aldea para llevar la luz de Cristo.
Y lo logró.
“Entendí que, después de mi propia salvación, también debía llevar las buenas noticias de Jesús a otras personas”.
— Mama Alemu
La iglesia crece y la persecución también
“A medida que más y más personas se convertían al cristianismo, los habitantes de la aldea se volvieron contra mí.
Decían: ‘Este hombre está destruyendo nuestra cultura. A tu padre le gusta leer las entrañas, pero tú estás acabando con su ritual.
Si no dejas de hablarles a los demás acerca de Jesús, sufrirás las consecuencias’”.
— recuerda Mama Alemu
Pero él no se dejó intimidar.

“No dejamos de reunirnos, adorar a Dios juntos y compartir el mensaje”.
Sin embargo, esto no pasó desapercibido. El rey de los hamar y la hechicera conspiraron contra la nueva congregación, y una multitud enfurecida irrumpió en la iglesia.
“Comenzaron a desmontar las paredes de madera de la iglesia mientras nosotros todavía estábamos dentro. Me sacaron y me señalaron diciendo: ‘Él es su líder’. Escuché a alguien cargar su rifle y vi machetes, piedras y palos”.
— Mama Alemu
Entonces comenzaron a golpearlo brutalmente.
“¡Lo maldeciremos y morirá antes de que termine este mes!”, gritaban.
Pero ni siquiera eso pudo detener a Mama Alemu. Escapó, alcanzó a otros jóvenes en Etiopía e incluso al rey de los hamar, quien antes lo perseguía. Hoy, Mama Alemu continúa dando testimonio del poder transformador de Jesús en el Cuerno de África.
Sé parte de lo que Dios está haciendo en el Cuerno de África
Historias como la de Mama Alemu muestran cómo el evangelio sigue llegando a las personas, incluso en regiones aisladas y con pocos recursos.
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