Estar preparado para morir es una buena manera de vivir

Durante casi 20 años Al Janssen trabajó en una estrecha colaboración con el Hermano Andrés, fundador de Puertas Abiertas. Juntos, ellos viajaron para diferentes países musulmanes, escribieron seis libros, se reunieron con líderes políticos y ministraron vida para los socios del ministerio alrededor del mundo. Esta materia cuenta una de las muchas lecciones que Al aprendió con el hermano Andrés.

| 06/09/2019 - 00:00

El ministerio del Hermano Andrés sigue siendo la inspiración para lo que realizamos como ministério en todo el mundo

El ministerio del Hermano Andrés sigue siendo la inspiración para lo que realizamos como ministério en todo el mundo


Al nos cuenta que: “En una entrevista en un programa de radio, le preguntaron al fundador de Puertas Abiertas ‘¿A cuál orden monástica pertenecía?’. No pude resistir una sonrisa a la pregunta planteada en un programa nacional de radio mientras divulgábamos el libro ‘La Fuerza de la luz’ (Light Force), uno de los primeros libros que el hermano Andrés y yo escribimos centrándonos en la Iglesia Perseguida en el Medio Oriente.

‘El Hermano Andrés no es un monje’, le dije. Pero lo llamamos ‘Hermano Andrés’ porque es más fácil de pronunciar que su verdadero nombre: Anne Vander Bijl (que suena como: An Vander Bil).

En segundo lugar, su nombre de pila, Anne, es el nombre común en los Países Bajos de Europa, pero no en otros lugares del mundo. En tercer lugar, llamándole hermano Andrés proporcionaba cierta seguridad para él y para la gente con la que se reunía en sus viajes.

Era una práctica común para los de nuestro ministerio que viajaba detrás de la cortina de hierro utilizar seudónimos. Casi desde el principio, los cristianos en la persecución empezaron a referirse a los contrabandistas de Dios como “hermano” o “hermana”, tales como el Hermano David o Hermana Corrie. Un viajero holandés, Durk Langeveld, hizo tantos viajes para Puertas Abiertas que se presentaba a sí mismo diciendo: “Les traigo saludos del Hermano Dick,” lo cual se convirtió en código para otros colaboradores cuando se reunían con contactos en Europa del Este y la Unión Soviética.

Estas identidades secretas protegían cristianos cuando eran interrogados por la KGB o la Stasi. “¿Quién es Anne Vander Bijl?” La policía podría preguntar. El pastor pudiera responder con sinceridad que nunca había oído hablar de esa persona. Más tarde, los investigadores tratarían de encontrar a algunas de las personas mencionadas por el hermano Andrés en El Contrabandista de Dios, pero las identidades y ubicaciones eran alteradas en el libro. Y hasta donde sabemos, ninguna persona mencionada en el libro fue arrestado por las conexiones con la historia.

Ese cuidado con la seguridad continúa en Puertas Abiertas hoy. Uno de nuestros líderes de ministerio internacional, que se unió a Puertas Abiertas a mediados de la década de 1980, le dijeron en su primer día de trabajo que eligiera un nuevo nombre el cual sería usado mientras trabajara para el ministerio. ¡Todavía no sé su nombre real!

La razón para tales medidas es simple. La Iglesia Perseguida vive en constante peligro. No pueden escapar de sus circunstancias. Los visitamos para alentarlos, conocer sus historias y entregar Biblias, capacitación y otros recursos que se necesitan desesperadamente. Después de unos días, nos vamos. Esos viajes pueden ser un poco peligrosos, pero la iglesia perseguida corre el mayor riesgo solo por nuestra presencia. Por lo tanto, estamos comprometidos en que nunca vamos a decir o hacer algo que ponga a los hermanos en la fe en ningún peligro mayor del que ya tienen. No queremos ser la razón por la que un hermano o hermana sea detenido o atacado de ninguna manera.

Por eso también a veces tenemos que ocultar nombres y lugares en nuestras publicaciones. Hoy en día, el Internet es una herramienta maravillosa para el bien y para el mal. Cuando uno de nosotros se aplica para una visa, un par de pulsaciones de teclas pueden revelar a un oficial gobierno para quién trabajamos y nuestra agenda. Tenemos que estar por delante de ellos siendo cautelosos acerca de lo que comunicamos sobre nuestro trabajo. Cuando vamos a la iglesia perseguida, tenemos que entender que si bien estando allí es un gran estímulo, también puede traer indeseada atención adicional a la iglesia que ya está bajo presión del gobierno, la sociedad y la cultura.

En mis viajes con el Hermano Andrés, hicimos una regla de seguir las instrucciones de nuestros anfitriones. Si decían que no era seguro para nosotros para ir a la calle, entonces nosotros no íbamos. Si nos decían que nos sentaramos en la parte trasera de una camioneta y nos escondieramos detrás de los vidrios oscuros y cortinas, lo hacíamos y echábamos un vistazo cuando no nos estaban mirando. Si nos reservaban en un hotel de cuatro estrellas, mientras que otros dormían en una pensión barata, no estábamos necesariamente contentos con nuestros alojamientos de lujo. Pero entendíamos que esto podía ser para evitar levantar sospechas, o algún procedimiento de seguridad del lugar donde estábamos yendo. A veces teníamos que salir temprano de las reuniones o éramos instruidos para no mezclarnos con las demás personas porque nuestros anfitriones no estaban seguros de si una amenaza se escondía entre la multitud. Siempre habían espías e infiltrados del gobierno.

Debido a estas medidas de seguridad, el Hermano Andrés y yo nunca nos sentimos en peligro, aunque muchos de nuestros amigos se atemorizaban ante algunos de los lugares que íbamos y las personas que conocíamos. Pero había otra razón para estar confiados. Nosotros dos sabíamos que si Dios nos había llamado a ir para algún país donde la persecución era muy alta, Él que es nuestro protector y Señor, iría guardarnos y sus propósitos se cumplirían.

Pero, y ¿si estamos equivocados? ¿y qué pasaría si fuésemos asesinados en medio de una reunión con un grupo de fundamentalistas? Bueno, Andrés y yo estamos de acuerdo que, de todas formas, todos teníamos que morir en algún momento. Y si Dios elegiría llevarnos de esta manera, entonces glorificaría el nombre del Señor. Como el Hermano Andrés dijo: “¡Estar preparado para morir es realmente una buena manera de vivir!”

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