A los diez años, hija de misioneros enfrenta persecución por su fe en México
Publicado el 16 Abr 2026 • Actualizado el 22 Abr 2026

La historia de Alissa*, una niña de diez años, y su familia nos ayuda a entender cómo es la vida de cristianos perseguidos en México. Sus padres, Beatriz y Marcos, son misioneros y se trasladaron a la región central del país para continuar su ministerio evangelístico. En ese momento, Alissa tenía apenas cinco años.
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Poco después de que la familia se mudara, sus animales domésticos fueron envenenados por vecinos que sospechaban que eran cristianos. Uno de los cachorros envenenados lamió a la hermana menor de Alissa, lo que llevó a la niña al hospital con lesiones internas graves y una parada respiratoria.
“Aquella noche fue muy difícil. Me dolió mucho perder a mis mascotas y ver a mi hermana tan enferma”, recuerda Alissa. Poco después, sus compañeros comenzaron a distanciarse de ella. Su mejor amiga empezó a evitarla. Los rumores se extendieron, los murmullos se volvieron insultos, y Alissa terminó siendo el blanco de todo. Hasta hoy, sigue enfrentando esa situación.
“Me llaman por apodos o me excluyen de actividades. Eso duele mucho”, afirma Alissa.
Aunque aún es una niña, ya sabe lo que es ser rechazada, no por su comportamiento, sino por creer que Jesús es el camino, la verdad y la vida.
“Aprendí a ser valiente”
La familia sabe que su propia existencia representa un riesgo en esa región de México. Pastores se han visto obligados a huir cuando líderes religiosos locales, en alianza con grupos criminales, amenazaron sus vidas. Debido al peligro, la familia de Alissa comparte el evangelio de manera discreta.
Ellos construyen relaciones a través de clases de refuerzo escolar, ofreciendo apoyo en materias como matemáticas e inglés, ganando la confianza de las personas y hablando poco a poco sobre Cristo con los niños y sus familias.
“Cuando crezca, quiero ser maestra. Quiero enseñar a los niños a leer y contarles sobre la Palabra de Dios”, dice Alissa.
La niña no guarda rencor hacia quienes la lastimaron. En cambio, ora por ellos. “Le pido a Jesús que las niñas de la escuela lo conozcan, que sus corazones no permanezcan endurecidos. Jesús siempre está con nosotros. No tenemos que tener miedo. Aprendí a ser valiente. Dios me enseñó a serlo.”
Tú puedes hacer la diferencia
Mujeres cristianas pueden perder sus empleos e incluso el apoyo de sus familias a causa de su fe. Con tu ayuda, Puertas Abiertas brinda asistencia de emergencia y atención postraumática a familias como las de Beatriz y Alissa en México. ¡Dona y sé respuesta de oración!
*Nombres cambiados por seguridad

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